En conmemoración de los 50 años de Pedro del Hierro, esta colección cápsula rinde homenaje a la herencia sartorial de la firma a través de una mirada contemporánea. Inspirada en el arte del patronaje no convencional y la deconstrucción de la sastrería clásica, la propuesta reinterpreta el traje masculino desde una perspectiva femenina, jugando con volúmenes, cortes inesperados y estructuras que desafían las normas tradicionales. Cada prenda celebra la elegancia atemporal de la firma, fusionando pasado y presente con una sensibilidad refinada.
Moodboard: Color
Pedro del Hierro abordaba el patronaje como un campo de experimentación técnica, alejándose de lo convencional para reinventar las reglas de la sastrería clásica masculina. Se caracterizaba por la búsqueda constante de nuevos volúmenes, deformando siluetas tradicionales mediante cortes inesperados, superposiciones y una construcción precisa que desafiaba la rigidez del traje clásico. Amante de los retos, su dinamismo se vivía a través del color y el estampado. Su enfoque rompía moldes sin perder elegancia, mostrando que la sofisticación también puede surgir de lo disruptivo.
Construcción de prototipo: Incorporé una tapeta de camisería en la parte central de la espalda, lo que permitió un acabado limpio y funcional que facilitara el paso de la prenda. En la parte superior, cerré con un pie de cuello que estructuró el escote y le dio un remate más pulido. Todas las costuras de la prenda fueron sobrecargadas, asegurando una terminación prolija y resistente, coherente con el carácter experimental pero cuidado del diseño. La segunda prenda del look es una falda compuesta de dos piezas. La falda principal o “Bubble skirt” está hecha de loneta estampada y fruncida. Encima cuenta con una especie de cinturón, cuya cinturilla simula un cuello de camisa. En los costados se encuentra el popelín estampado y fruncido con la misma técnica, cosida posteriormente a mano para generar mayor volumen. Para el estampado de la falda, trabajé con dos tipos de telas: popelín de algodón blanco y loneta en un tono naranja coral. La sección blanca fue intervenida con sellos hechos a mano, aplicando tintas en azul marino y negro superpuestas, aportando profundidad al diseño. En contraste, la loneta fue estampada mediante serigrafía, permitiendo mayor precisión en los motivos. Ambos procesos se pensaron en función de un concepto de deconstrucción de azulejos, buscando una apariencia fragmentada y artesanal.